domingo, 28 de febrero de 2016

Última semana de febrero. Falsa perspectiva

Lunes 22 de febrero de 2016
¿Qué haríamos sin sindicatos? ¿Lo mismo que con ellos? El caso es que, como otras, era una idea muy buena.

Martes 23 de febrero de 2016
La justicia (o su caricatura burocrática) me sigue dando pánico. Ha habido una sentencia popular (que no es la definitiva; es posible que este juicio tampoco lo sea): las tres implicadas en el homicidio de Carrasco resultaron pública e igualmente culpables. Pero una de ellas quedó en libertad bajo fianza. Anything goes!





Miércoles 24 de febrero de 2016
Que investiguen la corrupción los corruptos, los que permiten o amparan la corrupción o los que han colocado a los que son corruptos o permiten la corrupción resulta muy cómodo: sólo hay que cambiar la placa del despacho. Siguen las personas, los cargos, los sueldos...





Jueves 25 de febrero de 2016
Las palabras son importantes. A veces ayudan. Otras veces, enmascaran o engañan. Muchas veces reflejan. 





Viernes 26 de febrero de 2016
Hubo un foro que organizó una empresa privada (?) en Madrid con la la presencia (y verbo) de políticos de aquí, algunos ministros y otros prebostes del PP para hablar de no sé muy bien qué. Una representación o besamanos de mucha vergüenza ajena. Se dijeron simplezas de enorme volumen sobre el futuro. El forillo en teatro es como se llama a la tela que se coloca detrás de los huecos del escenario. Puede representar una calle, un bosque, el cielo, un desierto... Lo que es una falsa perspectiva. 





Sábado 27 de febrero de 2016
En el foro del que escribíamos arriba fueron proferidas cosas como ciberseguridad y biotecnología. Por gente que, probablemente, no sabe cambiar el fondo de pantalla de su ordenador o que es capaz de llamar nuevas tecnologías al teléfono.





Domingo 28 de febrero de 2016
La costumbre de mentir. El PSOE nacional al final ha pactado (nadie sabe todavía para qué, aparte de para quedar mal: no llegan con sus escaños juntos a una mayoría) con la nueva derecha más utilitaria y rapaz. Que quitarían las diputaciones, dicen. Algunos. Otros (los que están) pues no quieren que desaparezcan. Llegan a proponer... ¡cambiarlas de nombre! Lo que afirmábamos antes: las palabras, demasiadas veces, toman el lugar no ya de las ideas, sino del objeto mismo.























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